miércoles, 10 de agosto de 2016

Felipe Martínez de Uña, El Anselmo. (1908-1936)


Felipe Martínez de Uña



Hoy hace 80 años morían, víctimas de la represión en la retaguardia de los primeros días de la Guerra Civil, Vicente Fernández Rodríguez, Patadicas y Felipe Martínez de Uña, El Anselmo.  Quiero dedicar este artículo a todos los muertos en la contienda civil de ambos bandos, que es uno solo, el bando de las víctimas. Víctimas del odio, de las venganzas y de la sinrazón, que dejaron la villa huérfana de jóvenes llenos de vida, y embargada de la tristeza de sus familias. Que las pasiones políticas nunca más vuelvan a desencadenar una espiral de violencia que es muy difícil de apaciguar.
Hoy, después de casi un siglo de aquellos acontecimientos, cuando los descendientes y familiares de unos y otros ya están mezclados, sirvan estas líneas de recuerdo y reconciliación, al margen de las ideas políticas.
Me voy a centrar en la biografía de Felipe, que no dejó descendientes, pues a Vicente se le ha recordado más veces, gracias al tesón de sus hijas, sobre todo Ladis en mantener viva su memoria, y a la que también le alegraría este recuerdo de su querido Felipe.
Falipe nació en 1908 en el seno de la familia formada por Juan Martínez Valverde, albañil, de una estirpe de albañiles que se remontaba a varias generaciones, que llevaba como mote el nombre de su bisabuelo, Anselmo; y por Consuelo de Uña Gallego, de una familia de artesanos procedente de Cerecinos de Campos. Fue el tercero de los hermanos:
Tomás 1901, Emerenciana 1903, Ángel 1905, Felipe 1908, Justina 1910, Manuel 1914, y Juanito 1917. 
El único que se casó fue Tomás, con Hermila de Santa Cirila que emigraron y sus descendientes viven el Cataluña. Los demás murieron solteros. (Manuel fue detenido en agosto y fusilado en diciembre de 1936).
Felipe aprendió a leer y escribir en la escuela de don Vicente Vidal y mantuvo desde el principio inquietudes sociales e intelectuales que fue saciando con las lecturas que le fue facilitando Vicente Fernández, con el que a pesar de la diferencia de edad, mantuvo desde muy pronto una estrecha amistad. También aprendió junto a su padre y hermanos el oficio familiar e la albañilería con el que se ganaban la vida, junto al cultivo de unas pocas tierras, de las que se solía encargar Ángel.
Antes de proclamarse la II República ya estaban arraigadas en él las ideas socialistas y pronto crean la Sociedad de Profesiones y Oficios Varios que se afilia a la U.G.T. y la Casa del Pueblo como sede.
Fue nombrado en mayo del 31 por el gobernador civil miembro de la gestora provisional del ayuntamiento por la dimisión de don Joaquín, hasta la toma de posesión de los concejales electos en junio de ese año.
 Felipe tenía una afición poética y se conservan unos versos escritos en febrero de 1931:







Felipe junto a sus hermanos realizan la obra de los pilones del Pozo de la Villa en 1933, siendo Alcalde Escaja, y el trinquete en 1935 con Florencio Patuña como alcalde.
El 6 de marzo de 1936, el nuevo gobernador civil de izquierdas, destituye al ayuntamiento de derechas, y nombra una comisión gestora en la que figura Felipe como concejal. Forma parte de las comisiones de Hacienda y Presupuestos, y de la de Urbana y Rural.
El 28 de abril es propuesto por el ayuntamiento para que sea nombrado oficial de telégrafos. La última sesión a la que asiste es la celebrada el domingo 19 de julio por la mañana cuando ya la sublevación militar había triunfado en Zamora, aunque en el acta de la sesión no se hace referencia ninguna a lo que estaba aconteciendo.
Los primeros momentos,  cuando se conoce que el alzamiento militar se ha impuesto en la provincia y que el tren de los mineros que se dirigían a Madrid, retorna a Asturias al saber que Aranda se ha impuesto en Oviedo, son de desorientación porque ignoran que cariz van a tomar los acontecimientos. Vicente, Felipe y José Barrera reciben la oferta del jefe de la estación de la Tabla de meterlos discretamente en uno de los trenes de mercancías que todavía circulaban para alejarlos de Villafáfila hasta ver en que acababa todo, pero ellos lo rechazan pensando que podría ser pasajero y se esconden en el monte. Después de unos días vuelven a casa clandestinamente y permanecen ocultos en el corralón de Modesta. A José Barrera, que había sido alcalde los meses anteriores, le recomiendan que se esconda mejor en el pueblo, debido a que sus problemas de visión podrían ser un inconveniente para mantenerse ocultos o vagando por el campo.
Cuando los falangistas y la Guardia Civil empezaron a detener a los militantes y simpatizantes socialistas, hacia el 8 ó el 10 de agosto, Vicente y Felipe se esconden en el monte de Barcial, donde estaba de guarda jurado un primo de Vicente, Esteban Miguélez, al que le dieron una buena paliza para que delatara su paradero.
La mañana del 12 de agosto un grupo de falangistas y guardias civiles del puesto de Villafáfila salen en dirección a Barcial en busca de los escondidos, que parece ser que habían dormido ocultos en las morenas del campo de la Jana.
Vicente se pegó un tiro en la sien con la pistola que llevaba para evitar que lo cogieran vivo, porque sabía lo que le esperaba, y así consta en la partida de defunción “herida en región temporal derecha” y en el libro de difuntos de la parroquia se anota “falleció suicidado en el campo de la Jana”.
Felipe echó a correr perseguido por los falangistas y guardias que le dieron alcance cerca del Puente de Quintos, donde fue sometido a crueles torturas antes de arrojarlo al río Esla. Según se anota eufemísticamente en el libro de difuntos parroquial: “el día 12 de agosto apareció muerto y fue reconocido por varios vecinos de esta villa cerca del Puente de Quintos, en término de Perilla de Castro.”
El cadáver de Vicente fue sometido también a mutilaciones y llevado en el camión de la fábrica al pueblo donde fue enterrado. El de Felipe no se sabe donde está enterrado.

Sus hermanas, encerradas en casa por la reciente muerte de su madre, ignorando su paradero y para intentar saber donde podría estar detenido, le enviaron sendos paquetes a su nombre a las cárceles de Benavente y de Zamora, que les fueron devueltos. Tiempo después se enterarían de su triste destino.

Añado unos versos a él dedicados, que compuso otro poeta del pueblo Alejandro Tejedor Gómez, "El Chonche", nacido en 1912, depositados en  el Centro Documental de la Memoria Histórica de Salamanca ES.37274.CDMH/11.37.2:











1 comentario:

  1. ¡Que horror,que desastre,que barbarie! cuándo ciega la razón los sentimientos y no puede pararse la espiral violenta,haciendo de los hombres... animales. Ojalá nunca más suceda algo parecido.Es sonrojante que cosas así pasarán a la vuelta de la esquina.

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