domingo, 27 de julio de 2014

SALINAS: de aldea en Lampreana, a dehesa de Revellinos




En los alrededores de las Lagunas de Villafáfila en la Edad Media, numerosas aldeas muy próximas unas a otras, formaban un entramado de poblaciones y explotaciones salineras.  Hoy voy a escribir sobre la antigua aldea de Salinas que se localizaba en los actuales términos de Revellinos, al sur del pueblo, a la orilla de la Salina de  Barillos, donde aparecen restos ceràmicos, como fragmentos de ollitas, tinajas o platos, que se pueden datar entre los siglos XII y XVI, y constructivos como piedras o tejas. 









Diversos restos antiguos encontrados en los términos de Salinas

Sus términos llegaban desde cerca del casco de Revellinos, nada más acabar las eras, hasta el Trancalón, rayando con los de Tapioles, los de Cerecinos de Campos y Villafáfila. Los límites debieros de ser controvertidos en la zona oeste, por el Trancalón, pues están trazados a escuadra y a veces se dice que llega a Cañizo y otras a Otero, ero creo yo que más por afán de ampliar la posesión los dueños de la dehesa.Todavía se conserva en la toponimia local diversos pagos como la Casa de Salinas, la Fuente de Salinas, Raya de Salinas que hacen referencia a esta antigua dehesa.




Su nombre es claro referente a la actividad de extracción de sal, que con seguridad dio lugar a su origen. Todavía en el siglo XV se recuerdan “las dichas salinas donde se solía façer e coger la sal para vendérsela a los foraños e dueños de otras salinas” (A.R.Ch. V. Pleitos Civiles Alonso Rodriguez .) depositados. Caja10-9.

El pueblo aparece citado por primera vez el año 1153 a propósito de la delimitación de la aldea de Bamba, incluidos en el territorio de Lampreana: “Habet enim iacentia inter Sanctum Felicem et Salinas et Tapias”, es decir, que Bamba estaba localizada entre San Feliz, Salinas y Tapioles. Este documento incluye en el término de Bamba “cum suo uillare de Ferrarios”, el Villar de Herreros que posteriormente será objeto de controversia.

En 1310 a propósito de una relación de rentas pertenecientes al obispo de Astorga se mencionan las iglesias de la villa y pueblos del llamado Cillero de Villafáfila entre ellas, el obispo cobraba “e de la eglesia de San Feliz un moyo de sal”, por lo que todavía seguía habiendo una iglesia en esta aldea.
El15 de febrero de 1409, en Valladolid,  Díaz Sánchez, hijo de Men Rodríguez de Benavides  vendía a Juana de Mendoza, mujer del Almirante de Castilla, el término de San Felices, que lindaba con Villalpando, Villafáfila y el lugar de Salinas, «con todas sus entradas y salidas, con todos sus derechos y pertenencyas … Debía de tratarse de un coto redondo pues no se hace mención de vasallos ni de tributos específicos”[1]. Posiblemente lo poseyera por herencia de los bienes de Juan Alfonso de Benavides que recayeron en su padre, Men Rodríguez, cuando murió sin descendencia y sabemos que en 1341 Alfonso XI donó a Juan Alfonso todos los bienes que la Orden del Temple tenía en Salamanca y Villalpando[2], o por herencia de su madre Teresa Manrique de Lara.

Fuente de Salinas

Entre los bienes que el almirante de Castilla, don Alonso Enríquez y su mujer, doña Juana de Mendoza, incluyen en el mayorazgo que fundan el año 1426 en favor de su segundo hijo don Enrique, primer conde de Alba de Aliste, figuran “las salinas que son çerca de Villafáfila”, que se refieren a este lugar como de los pleitos posteriores se deduce. Posteriormente el conde don Enrique las sacó del mayorazgo a cambio de otros bienes, “con facultad e liçençia del señor Rey don Enrique [IV]”, y las vendió a Luis Vaca, vecino y regidor de Zamora.
Después del fallecimiento de éste último, sus herederos las trocaron por otros bienes con el entonces comendador de Villafáfila y Castrotorafe, don Pedro de Ledesma, que tuvo que defender su posesión en varios pleitos con don Alonso Enríquez de Guzmán, segundo conde de Alba.

Topónimo de Salinas conservado

En el pleito varios vecinos de Revellinos habían testificado en favor de los Enríquez: “porque los otros dichos vºs del lugar de Revellinos han resçibido muchas promesas del Conde y de su nieto [Diego Enríquez, que le sucedería en el condado] señaladamente que les darían el dicho lugar de Salinas para que biban e labren en el de balde, que no paguen syno los diezmos”, y en una primera sentencia de 1481 los Reyes Católicos mandan que le sean devueltas a los Enríquez por ser bienes de mayorazgo. Pero los sucesores del comendador Pedro de Ledesma continúan el pleito hasta que consiguen que se les reconozca su derecho a la posesión de ese pueblo con sus términos y vasallos (A.R.Ch.V. Alonso Rodriguez depositados. Caja10-9). 

A finales del siglo XV había población en la aldea con su concejo, aunque sería muy escasa. En 1482 el concejo del lugar de Salinas solicita al de Villalpando que les concediesen las mismas ordenanzas de términos que tenìan establecidas con el concejo de Villafàfila (Moreno Ollero, 1991).
Pero los pleitos de posesión de la jurisdicción entre dos señores que se la disputaban y las ofertas a diferentes vecinos de Revellinos para que testimoniaran a su favor, debió de crear conflictos entre ellos. Así en 1501 el concejo se éste pueblo hace una petición a los Reyes Católicos diciendo que:
 “çiertos vºs[vecinos] e moradores del dicho lugar, por faser mal e daño al dicho conçejo, dis [dicen] que arrendaron un  término redondo de pan llevar e de pastos de Pedro de Ledesma, syn el qual dicho heredamiento e pastos dis que no pueden bivir, lo qual dis que se fyso cabtelosamente e por les faser mal e daño, sabiendo la nesçesidad que tienen del dicho heredamiento”.
Alegan que han intentado que se lo arriende a todo el concejo, tanto por tanto, pero no han querido retractarse del contrato. Los reyes dan comisión al coregidor de Zamora para que haga averiguación entre ambas partes y determine cuanto antes lo que procede en justicia. (A.G.S. R.S. 1501)

Este pueblo permaneciò poblado hasta el siglo XVI, “en el lugar de Salinas que esta despoblado siete años a, poco más o menos tienpo”, dice un testigo en 1537 ( A.R.Ch.V. P.C. Moreno 2794-1), fuera de la jurisdiciòn de Villafàfila pero integrado en su arciprestazgo.

 Aunque se despobló, todavía permaneció en pie la iglesia y el beneficio era de presentar de la viuda de Pedro de Ledesma, regidor de Zamora e hijo del comendador, en 1536, y los diezmos se repatían entre un canónigo de Astorga, entre el cura del beneficio, y entre el dueño del lugar.

Después de despoblarse sus términos eran arrendados para siembra o utilizados para el pasto de los ganados, que arrendaban sus sucesivos propietarios.

Contrato de arrendamiento de la dehesa en 1551

Conocemos un pleito entre el arrendatario, Nicolás Gallego, de Tapioles y el propietario de la dehesa, don Gonzalo de Ledesma Herrera, que se titula “señor de las villas de Almesnal y de Salinas” por diferencias sobre la interpretación del contrato. El mismo se había firmado en 1551 en el corral de la casa de Salinas, ante un notario de Zamora, tenía una validez de 4 años, se incluyen los término de San Feliz con los de Salinas, “la mi villa y dehesa y término redondo de Salinas con lo que se dize San Feliz”, para sembrar la mitad del término cada año y la otra para barbecho, sin poder romper ni arar ciertas partes del término que estaban en adil, unas noventa cargas: “el Villar de Herreros, encima de Valdelarreja[3]” seguramente por estar discutida la pertenencia de esta parte a Salinas o a Bamba. Le arrienda el poder rozar, pacer y labrar pero la jurisdicción se la reserva el señor.

Arrendamiento

La renta se fija cada año en 320.000 mrs. en dineros, 100 gallinas vivas y en pie, 18 patos vivos y 8 carros de paja, puestos a costa de los renteros en la casa y panera que había en Salinas. Le exime de pagar alcabalas por el pan o la lana que vendiere dentro del término.
En esa época, con la villa ya despoblada, permanecía en pie la casa del señor con su corral y paneras, al cargo de la cual se encontraba un casero, al que han de dejar los arrendatarios del término dos cargas de barbecho, y poder tener dos reses, 6 puercos y una bestia y las gallinas que quisiese. “con condición que no se pueda cazar en todo el término con ballesta ni con perro, que se entiende de lo de las liebres
Le pide al arrendatario que subarriende a la viuda de Neira (Inés de Villagómez) de Revellinos tres cargas, o las que ella quisiere, juntas en un pedazo, seguramente por tener alguna vinculación de servidumbre o parentesco.
Mantiene la prohibición de que entren el la dehesa los vecinos de los pueblos de alrededor, “Otro sy si alguien de los lugares comarcanos, ansy de Villafáfila como de otras partes tomaren cogiendo mielgas, les puedan llevar de pena medio real y el azadón
 (A.R.Ch.V. Registros de Ejecutorias. C 922-2)

Y periódicamente se seguían amojonando los términos y las lindes con los pueblos vecinos; así en 1578 se anota en las cuentas del concejo de Villafáfila “se fue a  amoxonar con Salinas... pagué treynta y seis reales a los señores regidores por ir a amojonar” (A.R.Ch.V. Pleitos Civiles. Taboada  olv. 267-1).

La mayor parte del término actual de Revellinos era de la dehesa de Salinas

A don Gonzalo le sucedió su hijo don Antonio Rodríguez de Ledesma y Herrera, que había nombrado como Alcalde Mayor de Salinas y administrador a Alonso de Castro, vecino de Villafáfila. Este arrendaba a diferentes vecinos de Villafáfila y de Revellinos parcelas de tierra para roturar y sembrar.
   En 1571 se suscitó un pleito ante el Alcalde Mayor del Adelantamiento de León por:
 “cierta averiguación de quentas hecha por la justicia de Villafáfila  por causa de la langosta que el dicho qº de Villafafila había mandado coger en los términos comarcanos que rayan con la dicha villa como avía sido en el término de Salinas y dehesa de Castronuevo y el monte de Muélledes, y el monte que llaman de Fortiñuelas y el monte de La Tabla … porque cada día nacía la dicha langosta y se multiplicaba en los dichos montes ”.
El alcalde mayor comisionó a la justicia y regimiento de Villafáfila para que mandase coger, y matar la langosta del término de Salinas para evitar su propagación por otros lugares, pagándosela  a las personas que la recogían al peso. Ante la falta de propios para adelantar el dinero que suponía esta práctica, se procedió al embargo de algunos carneros de los arrendatarios del herbaje de la dehesa. Las reclamaciones de los arrendatarios hicieron que se le repartiesen al dueño del término el coste de la recogida de la langosta, que ascendía 50.000 mr., pues los renteros alegaban el caso fortuito que suponía la langosta, junto que otras plagas o inclemencias que exoneraban del pago de la renta (Ejecutorias 1308-64).

En 1644 la dehesa perteneía a don Martín Vázquez de Guzmán, Marqués de Palacios en quien habían recaído los mayorazgos de los Ledesma. (Ejecutoria C. 2733, 56).

En 1685 seguían perteneciendo al Marqués de Palacios, y ante los conflictos sucesorios del marquesado y las deudas de los mayorazgos que llevaba anejos, se procedió con facultad real a la venta en pública subasta de algunas dehesas, entre ellas la de Salinas, que fue comprada por Gaspar Ojero, vecino de Villalpando en 1695 con su jurisdicción alta y baja, mero mixto imperio, señorío, vasallaje, derechos y demás regalías por 16.000 ducados.
Don Gaspar era un hidalgo de Villalpando donde sus antepasados habían desempeñado varios cargos de la administración señorial de la villa, y él mismo en 1699 ejercía de teniente del corregidor de Villalpando y de mayordomo de rentas del Condestable, lo que le proporcionaba buenos ingresos. Estaba casado con doña Jerónima Labrador y no tenían hijos.

La cercanía a su vecindad hizo que la explotación agrícola y ganadera de la dehesa se hiciera directamente por el nuevo señor, cuyos criados penetraban con sus ganados en los términos de Villafáfila o de Revellinos, por lo que se suscitaban pleitos. En 1704 los concejos de estos dos pueblos otorgan un poder para que se establezca una concordia sobre los ganados “por quanto el trº [término] de Revellinos y de Villafáfila comparten y confinan con el trº de Salinas que es propio de don Gaspar Ojero, vecino de Villalpando, y no hay concordia sobre las penas de los ganados” (A.H.P.Za. Notariales 11758).

Testamento de don Gaspar Ojero

En 1710 en su testamento parte la dehesa en dos mitades una de las cuales deja a su sobrina María Centeno y otra a un hijo ilegítimo que había tenido cuando estaba casado, y había obtenido del rey su legitimación, Manuel Ojero, de Tapioles, bajo una serie de cargas financieras: 200 ducados anuales para un vínculo y patronato real de legos que habían fundado don Gaspar y su esposa, y el resto hasta 4000 reales en diversas mandas pías (1000 reales para decir 200 misas anuales en la iglesia de Santa María la Antigua de Villalpando, 800 reales anuales para vestir doce pobres de Villalpando).

En 1723 cuando fallece Manuel Ojero se declara que el término de Salinas:
 “tiene una casa con sus corrales, quartos de casa, cavallerizas, paxares y oratorio, tiene una panera grande separada de la dicha casa, tiene su fuente, tendrá en redondo cosa de dos leguas y en hancho cosa de media legua, linda con el término de Revellinos, Cerecinos, Villafáfila, Otero y Tapioles”.
La renta de toda la dehesa ascendía a 249.340 reales.
Los hijos de Manuel Ojero: Gaspar, Antonio, Antonia, y Luisa, fueron vendiendo sus hijuelas a la cofradía de Santa Inés fundada en la catedral de Zamora por 20.000, 17.000, 18.500, y 22.600 reales cada octava parte, desde 1739 a 1741.

Todavía se conserva el topónimo de los Ojeros en la antigua dehesa

En 1752 según las declaraciones del Catastro del Marqués de la Ensenada, la mitad de la dehesa pertenecía a la cofradía de Santa Inés de la catedral de Zamora, y la otra mitad a doña María Zentena, vecina de Valladolid, y cada propietario arrendaba su parte a distintos ganaderos de Pinilla de Toro y de Cañizo. En el Catastro figura la Dehesa de Salinas con una superficie estimada de 875 cargas de tierra, de las que unas trescientas se sembraban. En ella estaba construída una casa donde vivían los arrendatarios, seguramente ubicada en el llamado Teso de la Casa, Revellinos. Son muy frecuentes las menciones a la casería de Salinas, hijuela de la parroquia de Santo Tomás, durante los siglos XVIII y XIX. Al frente de esta casería se encontraba una o varias familias de caseros, frecuentemente originarios de Pinilla de Toro o Vezdemarbán: apellidados Montero Cabezón, Casas Alvarez, Montero Alonso, de Inés, Casas, Arias, Benéitez, Barba, que cuando tenían hijos los bautizaban en Revellinos.

Doña María Centeno vende su mitad de la dehesa con su casería y ermita y paneras a don Pedro Calderón Enríquez[4], caballero de la Orden de Calatrava y miembro del Consejo de Indias por 295.000 reales de vellón en 1764, con la carga de 2.000 reales anuales para las fundaciones.
Un nieto de don Manuel Ojero reclama contra esta venta aduciendo que la tal María Centeno no podía vender, pues si moría sin descendencia pasaría a los herederos de aquel, pero no consigue anularla.

Ese año los vecinos de Revellinos, siendo don Nicolás de la Huerga, alcalde, Valentín Suena y Antonio de Tásbara, regidores, y Francisco Juárez procurador del concejo, plantean un pleito ante la Real Chancillería sobre la preferencia en el arrendamiento de la dehesa de Salinas por estar más próxima a su pueblo y “acudir a su parroquia los granjeros de Salinas”. Los dueños la habían arrendado a José Calleja, Pedro Rodríguez y otros ganaderos de Vezdemarbán, y éstos habían subarrendado un trozo de 14 cargas, denominado El Pico a Tomás de Villafáfila, vecino de Cerecinos, como ya venían arrendándoselo a su padre desde hacía más de 30 años. La sentencia es favorable a los de Revellinos (A.R.Ch. V. Pleitos Civiles. Varela f. C. 3113-10).

La mitad correspondiente a la cofradía de Santa Inés o memoria del arcediano don Diego de Arias Benavides, fundada en la catedral de Zamora fue objeto de la llamada Desamortización de Godoy de 1798 que afectó a los bienes de las cofradías, pías memorias y otras fundaciones religiosas. En 1800 salió el anuncio en la Gazeta de Madrid de su subasta en el juzgado del corregidor de Zamora.

Además de la casa pemaneció en pie una capilla u oratorio, como indistintamente se le denomina, seguramente la antigua iglesia parroquial de la aldea, donde se enterraban algunas personas que fallecían en aquel término, como Domingo Durantes, de Villafáfila, en 1812, en plena Guerra de la Independencia.

En el siglo XIX fue incluída en el término municipal de Revellinos al que pertenece en la actualidad y vendida por sus dueños en quiñones.


Firmas de alguno de los vecinos de Revellinos que compraron quiñones en la dehesa

En 1859 se puso a la venta por subasta extrajudicial anunciada en el Diario Oficial de Avisos de Madrid en 21 de mayo la cuarta parte de la Dehesa de Salinas con una superficie de 1.460 fanegas de tierra que producían de renta libre de contribución 11.500 reales y fanega y media de garbanzos, junto con otros tres quiñones de tierras en Tapioles y Cerecinos pertenecientes a doña Candelaria Chollet y Caballero[5], residente en Buenos Aires, con un precio de salida de 347.500 reales. Con la posibilidad de no aceptar el remate en las siguientes 24 horas.  Fueron adjudicadas a Antonio González Nájera de Madrid. Pero a la semana se presentaron Antonio Marbán, Eustaquio de León y Gaspar de León, en su nombre y representando a otros vecinos de Revellinos: José del León, Matías Fernández, Martín del Teso, Pedro, Ceferino y Antonio Esteban, José y Francisco Ares, Balbino Aliste, Sebastián Marbán Huerga, Luis Fernández, Fernando Delgado, Ramón Gallego y Manuel Rodríguez Rando; y le ofrecieron 10.000 reales más y les fue adjudicada y escriturada. Pero el anterior adjudicatario recurrió a la justicia que le dio la razón, anulando la venta. Después de varios recursos los de Revellinos llegaron al acuerdo, para evitar más gastos, de pagar a los herederos del primer adjudicatario 58.000 reales en dos plazos, y se apartaron de los pleitos y quedó definitivamente en propiedad para los vecinos.









[1] MARTINEZ SOPENA P. El estado señorial de Medina de Rioseco bajo el Almirante Alfonso Enríquez 1389-1431. Valladolid 1977. Pag 69.
[2] Y en 1211 los templarios  recibieron de Alfonso IX “suas salinas quas habebant in Lampreana et in Sancto Felice et in Moladas”, que le habían sido confiscadas anteriormente ( González, 1944,  274), QUINTANILLA RASO M.C. La casa señorial de Benavides, pÁg 178. 1974.
[3] Valderrejos en otra parte del pleito
[4] Fundó un mayorazgo con sus bienes, entre otros la mitad de Salinas, en favor de su hijo Manuel Calderón Enríquez, al que sucedieron en 1815 sus hijos en el mayorazgo, quedando en poder del menos, Juan Calderón desde 1843.
[5]  Francisca Vicenta Chollet y Caballero, fue pintada por Goya en 1906, hija de Francisco Chollet de Lyon y de María Antonia Caballero, del Burgo de Osma, mujer de don Antonio Noriega, Tesorero Principal de Rentas del reino, y gran amigo y administrador de los bienes de Manuel Godoy. Preso cuando este cayó en desgracia, fue linchado en Badajoz acusado de colaborar con los franceses. Tambien Juan José Chollet Caballero era comandante de milicias y funcionario de hacienda y administrador de temporalidades de los bienes procedentes de los jesuitas en Buenos Aires hasta 1810. Candelaria tiene 23 a y Juan José 50 podría ser su padre y heredar los bienes de Francisca?.

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